Descripción de una incansable pelirroja
Una llama de fuego bailando al ritmo del viento llega a cubrirme por entero los hombros. El color de mi cabello es poco común, un marrón rojizo que salta hasta mis ojos y de ahí a mis pestañas y cejas. Como un felino preparado escrupulosamente por la naturaleza para poder camuflarse.
En mi cara de trapecio coronado por una amplia frente, que se corta de golpe por dos senderos de color marrón, dos clones de Marte brillan sin cesar. Para proteger estos insólitos especimenes, se colocaron encima de ellos una ligera cortina de curvas que saltan hacia arriba, del mismo color para que no sean vistas. Si en algún momento decidieran escapar, en medio de ellos un tobogán de pecas largo los espera para ayudarlos a saltar lejos de su eterna prisión. Y, por su si salto no es tan lejano como se necesita, debajo los esperan unos labios acolchonados que esconden una blanca sonrisa. Mi pequeño mentón se encarga de terminar este trapecio, que normalmente tendría líneas toscas, de manera delicada, dándole a mi rostro un final ligeramente circular.
Mi cabello brillante descansa en mi cabeza y ésta en un cuello de tubo de ensayo, delgado y largo, que continua de la misma manera hasta las puntas redonditas de mis pies, dando pocas y sutiles curvas. Mis brazos de la misma manera delgados, están divididos a la mitad por unos codos pequeñitos salpicados graciosamente por una serie desordenada de pecas, como montañas de helado de vainilla con chispas de chocolate. Mis manos menudas de dedos rebeldes, nudillos de soga gruesa y uñas de escamas de pescado, están surcadas por un destino arcano que no me interesa conocer ahora.
Si me ves de lejos parezco más alta de lo que soy, de cerca no soy tan delgada como parece por lo que prefiero mantenerme a una distancia promedio, antes de que se descubra mi secreto.
Con movimientos algo ligeros y algo graciosos escapo del bullicio por las veredas del mundo, con la mirada clavada en el lugar donde tengo que llegar. Si alguien se cruzara por mi camino no notaría ni su sombra al pasar. Con pasos largos y rápidos camino mirando hacia el frente, siempre para delante; los brazos bailando al ritmo armónico de las piernas, el movimiento de la cadera escondido por el peso de la infaltable cartera larga. Así camino hoy y caminare mañana, hasta que logre encontrar el tesoro que Dios ha puesto en mi camino.